Un libro para volver a la tierra: diálogos desde Abiayala
Con gran entusiasmo, el Colectivo Gusanos de la Memoria celebra la publicación de un nuevo título bajo su sello editorial: Regresando a nosotros mismos, diálogos transindígenas y transhemisféricos en Abiayala, del autor colombiano Juan Guillermo Sánchez Martínez, con ilustraciones de Salvador Jaramillo. Este libro es el resultado de más de un año de trabajo colectivo y de un proceso reflexivo que se ha gestado a lo largo de varios años de investigación, diálogo y experiencia en distintos territorios.
La obra propone una serie de cuestionamientos fundamentales para el pensamiento contemporáneo: ¿cuál es el papel de la crítica literaria y cultural en un contexto de polarización política, nacionalismos exacerbados y luchas antirracistas? ¿Cómo facilitar diálogos transindígenas y transhemisféricos? ¿Cuáles son los límites y oportunidades de la traducción? ¿Puede la creación artística contribuir a desmontar los romanticismos sobre la raza y la etnicidad? A partir de estas preguntas, el libro abre un espacio de reflexión crítica que articula investigación activista, poesía y epistemologías ancestrales.
En esta convergencia, Regresando a nosotros mismos invita a recordar que Abiayala es un solo cuerpo/territorio, una noción que atraviesa toda la obra y que propone repensar las fronteras, las identidades y los modos de conocimiento desde perspectivas relacionales y comunitarias. La publicación estará próximamente disponible para descarga gratuita en la plataforma digital del colectivo, junto con el anuncio de su presentación virtual.

Regresando a nosotros mismos: diálogos, memoria y territorio en Abiayala / Ilustrado por Slvador Jaramillo
Para el autor, Juan Guillermo Sánchez Martínez
¿Qué experiencias personales o académicas fueron decisivas para gestar Regresando a nosotros mismos?
Entre los múltiples intertextos de Regresando a nosotros mismos, hay títulos y autores que resplandecen por sí solos: Ceremony, de Leslie Marmon Silko, donde la autora tewa nos recuerda que las historias son lo único que somos; Dancing on Our Turtle's Back, de Leanne Simpson, donde la pensadora y escritora anishinaabe reflexiona sobre la palabra biskaabiiyang (regresar a nosotres mismes); An American Sunrise, de Joy Harjo, donde la poeta y saxofonista mvskoke le canta a Abiayala como a un solo cuerpo; los versos de María Teresa Panchillo y Rayen Kuyeh celebrando la fuerza de la Mapu Ñuke; Cafeína MC, de Wingston González, donde la sintaxis dislocada y la geografía garífuna desafiaron mis propias expectativas sobre las “literaturas indígenas”; los versos Mapurbe de David Aniñir, donde visualizamos a ciberlautaro como un werkén electrónico; Las Mingas de la palabra, de Miguel Rocha, donde queda claro que las textualidades oralitegráficas desbordan el alfabetismo colonial; Puka Allpa, de Pedro Favaron, donde las plantas visionarias de la Amazonía escriben un antiguo/nuevo libro vegetal; los versos de Miguel Ángel Oxlaj en Xti Saqirisan na Pe / Planicie de olvido, donde el poeta es, sobre todo, un traductor de la piedra de moler de la abuela; y la cumbia-rap de Gonzalo Luanko, sosteniendo el feyetun y el kimün, entre tantos otros libros y hermanes escritores y artivistas.
Pero este libro es una trenza entre crítica, poesía y memoria, así que las experiencias personales son múltiples también. Entre capítulo y capítulo, hay viñetas y poemas de mi propio caminar: estudiando k’iche’ y aprendiendo con los Tatas y las Nanas en Iximulew (Guatemala), participando en las movilizaciones de Idle No More en Dazhkanziibi (London, Canadá), visitando a Fredy Chikangana en la Yachay Wassi, la casa yanakuna del saber junto al río Yuma (Colombia), y organizando proyectos colaborativos transindígenas, multilingües y multimodales en Tokiyasdi (Carolina del Norte).
El libro plantea cuestionamientos sobre los límites y oportunidades de la traducción en contextos indígenas. ¿Podrías compartir un ejemplo concreto que hayas encontrado en tu trabajo?
Como explico al comienzo del libro, debo aclarar que no hablo una lengua originaria, y que mi acercamiento a las epistemologías ancestrales ha sido primero desde la poesía y el arte, después desde el aprendizaje con las plantas maestras —y las abuelas y abuelos que las guardan—, y luego desde el viaje y el compartir con mayores y hermanos de distintos pueblos. Regresando a nosotros mismos es también un ejercicio de autorreflexión sobre mis propios límites como crítico y educador mestizo.
A lo largo del libro soy consciente de los límites de la traducción de lenguas originarias a lenguas coloniales como el español o el inglés, pero también de sus posibilidades. La palabra “Abiayala” es un ejemplo claro: frente a la idea colonial del “nuevo mundo”, Abiayala —la tierra en plena madurez— propone una visión anterior y a la vez futurista del territorio como cuerpo vivo. Al nombrar desde ahí, se activan narrativas que cuestionan los nacionalismos, la xenofobia y las fronteras impuestas.
Otro ejemplo es biskaabiiyang, palabra en anishinaabemowin que inspira el título del libro y que puede entenderse como “regresar a nosotros mismos”: un proceso constante de autoconciencia y retorno a la tierra, a las lenguas y a las prácticas ancestrales.
¿Cómo fue el proceso de articular la investigación activista, la poesía y las epistemologías ancestrales en un mismo cuerpo de obra?
En la tercera parte del libro, “Ofrendas multilingües y multimodales”, reflexiono sobre este equilibrio a partir de proyectos colaborativos como Mensaje Indígena de Agua, Siwar Mayu. Un río de colibríes y el festival Activando los latidos de la tierra. Hip Hop nativo.
La inspiración central proviene de la metodología de las tres piedras del fogón, compartida por Tata Pakal Achi’ en Guatemala: ciencia, arte y espiritualidad como pilares inseparables del conocimiento. Desde entonces, esta imagen ha guiado mi trabajo para trenzar acción comunitaria, creación poética y pensamiento crítico.

Regresando a nosotros mismos: diálogos, memoria y territorio en Abiayala / Ilustrado por Slvador Jaramillo
Salvador Jaramillo / Ilustrador
Egresado de la EDINBA en producción editorial, se integró en 2006 a gRUPO hORMA, donde ha desarrollado una trayectoria destacada en diseño cultural. Ha colaborado en la revista ENE O ensayo del diseño, obteniendo reconocimiento internacional en los Society of Publication Designers Awards 2013 y participando en la Bienal Iberoamericana de Diseño 2014.
Ha diseñado materiales para instituciones como CONAPRED, CONAFE, el Museo Nacional de Antropología (INAH), CDI e INALI. Su trabajo también incluye participación en exposiciones colectivas e ilustración para proyectos como 68 voces 68 corazones.
Ha sido reconocido con el Premio Antonio García Cubas (2015) y una mención en 2017 por su trabajo en ilustración y diseño editorial. Además, mantiene una faceta independiente en la ilustración y el cómic, colaborando en el fanzine El molúsculo.
¿Cómo tradujiste visualmente los conceptos de “Abiayala como un solo cuerpo/territorio” y los diálogos transindígenas?
La intención no fue traducir los conceptos, sino acompañarlos visualmente. La triada cuerpo-territorio, textualidades y diálogo de saberes atraviesa las diez ilustraciones del libro. En ellas, los cuerpos —humanos y animales— desdibujan las fronteras y se integran en atmósferas donde los saberes y las manifestaciones artísticas están siempre presentes.
¿Hubo un pasaje o idea del libro que te resultara especialmente inspiradora?
Sí, la idea de que el “cuerpo desdibuja las fronteras” fue central. A partir de ahí, trabajé en representar un cuerpo libre, en diálogo con los saberes. Asimismo, la presencia de los elementos —agua, fuego, tierra y aire— permitió imaginar territorios contiguos que amplían la interpretación visual del texto.
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