Cuando el amor se convierte en trampa: La crudeza de 'Desiertos Amores' en el escenario de Acapulco
Obra de teatro contemporáneo dirigida por Gabriel Brito con Michelle Serna y Leonardo Cuesta exploró la violencia emocional y las relaciones codependientes en el Centro Cultural Domingo Soler
Acapulco, Guerrero. El Centro Cultural Domingo Soler fue escenario de una de las puestas en escena más impactantes de la temporada teatral reciente: "Desiertos Amores", drama trágico de la dramaturga Saremi Moreno que aborda con crudeza y honestidad las relaciones tóxicas, el abuso narcisista y la codependencia emocional a través de una poderosa metáfora animal.
Bajo la dirección de Gabriel Brito, el elenco conformado por Michelle Serna y Leonardo Cuesta logró una conexión escénica que mantuvo al público en alerta emocional durante toda la función, generando conversaciones post-función que se extendieron más allá de la sala de teatro.
Un proyecto teatral que nació de la necesidad de concientizar sobre el abuso emocional
La historia de este montaje teatral comenzó en 2011, cuando Gabriel Brito conoció el texto dramatúrgico durante un ciclo de teatro en Acapulco. "Fue una obra que en lo personal me conmovió y vi cómo conmovió a muchas personas que estábamos en el público", recuerda el director de escena. "La honestidad desde donde fue escrita, la simpleza con la que se presenta esta anécdota y la complejidad que guardan estos personajes nos recuerdan mucho a nuestra condición humana."
Sin embargo, el proyecto esperaría años en gestación. El detonador definitivo surgió de un ejercicio de concientización sobre abuso narcisista realizado con alumnos del Bachillerato 7. "Se acercaban conmigo, me contaban ciertas cosas que a lo mejor ellos intuían que les había pasado a ellos o a sus familias", explica Brito. La pregunta fue inevitable: ¿cómo comunicar esta información sin que sea fría? "La mejor forma que he conocido de llegar de una forma más directa a través de los sentidos, pues es el teatro contemporáneo."
El proceso creativo no estuvo exento de obstáculos. Saremi Moreno, la autora y dramaturga, no tiene redes sociales, lo que obligó al equipo a contactarla a través de una institución donde impartió un taller. Una vez superada esta barrera, el casting se resolvió con naturalidad: Leonardo Cuesta aceptó tras leer el guión teatral, y Michelle Serna, quien se encontraba de visita en Acapulco, se sumó al proyecto de inmediato.
Elenco de Excelencia: química escénica y profesionalismo en escena
Para Leonardo Cuesta, quien dio vida al personaje del gato, la preparación actoral demandó dos años de maduración. "No he tenido momentos de frustración, de enojo... hemos tenido un proceso muy tranquilo, muy relajado y al mismo tiempo con rigor artístico", señala el actor. El resultado fue una interpretación que balancea la violencia emocional con momentos de vulnerabilidad que evitan la caricaturización del victimario.
Michelle Serna, encargada de la compleja caracterización de la coneja, enfrentó el reto de abandonar su trayectoria en teatro infantil para adentrarse en terrenos más oscuros del drama psicológico. "Fue el hecho de ir a más todo el tiempo, de no quedarme en un lugar seguro, de buscar esta locura también dentro de este personaje", explica la actriz. Su performance capturó la entrega incondicional y la ceguera emocional que caracteriza a las víctimas de abuso que no reconocen su situación.
La dirección de actores de Brito privilegió la generosidad escénica y el trabajo en equipo. "A veces llegamos a los ensayos y lo primero que hacemos es ponernos a platicar y ya después entramos en la obra", recuerda Cuesta. "El teatro también es eso: un espacio de encuentro entre los creadores."
Metáfora animal y crítica social
"Desiertos Amores" se presenta como un texto dramatúrgico donde la relación tóxica entre una coneja y un gato humanizados se convierte en espejo de las dinámicas de poder en las relaciones amorosas contemporáneas. La coneja opera bajo una creencia mítica que le promete encontrar al ser amado por "unos hermosos ojos negros" —cuando el gato tiene ojos verdes, ella simplemente reescribe la realidad para que encaje en su narrativa romántica.
"Es un poco la filosofía de ella como la del Quijote: yo veo lo que quiero ver", analiza Gabriel Brito. "Veo gigantes donde realmente hay molinos de viento." Esta idealización permite al personaje masculino ejercer lo que el director denomina "abuso espiritual": "Hay un punto donde también le quiebra esto y donde descarta toda esta posibilidad para dejarla sin esperanza, para romperla."
La obra de teatro se niega a ofrecer víctimas y victimarios puros. "Es difícil tener una perspectiva siendo víctima, y sobre todo tomar responsabilidad de las decisiones que yo tomé", reflexiona Michelle Serna. "El accidente es de dos: del que ve y del que no vio." Esta complejidad psicológica es precisamente lo que ha generado que el público siga conversando sobre la función en los pasillos del teatro.
Curiosamente, la metáfora tiene raíces documentales. "Ella nos contó que la idea le surge a partir de que sí existían un gato y una coneja", revela Brito sobre la autora. La observación de la realidad se transformó en símbolo teatral que funciona como crítica social a las relaciones codependientes.
Recepción del público: teatro que genera debate y reflexión
Uno de los aciertos del montaje fue cómo esta tragedia provoca, en momentos específicos, risa involuntaria que luego se transforma en incomodidad y finalmente en conmoción. "Está planteado desde el texto de Saremi", aclara Brito. "Aquello que se nos muestra como ridículo nos provoca risa... porque no estoy dentro, porque lo estoy viendo desde fuera."
Esta ambivalencia emocional es rara en el teatro mexicano contemporáneo. "Regularmente salimos ya posterior de la función y la gente que está afuera en el pasillo está platicando sobre la obra", destaca el director. "Cosa que no sucede con todas las obras."
La puesta en escena también destacó por su diseño sonoro, que incluye música de Wong Kar Wai propuesta por la autora, con una variación sugerida por Brito: el uso de "Una Mañana" para subrayar la ironía dramática de una escena de romanticismo que concluye en violencia emocional.
Temporada concluida: legado y próximos proyectos
La temporada teatral de "Desiertos Amores" en el Centro Cultural Domingo Soler concluyó el 7 de marzo dejando una huella significativa en la escena cultural de Acapulco. El montaje representa un ejemplo exitoso de cómo el teatro independiente puede abordar temas urgentes como la salud mental, el abuso emocional y las relaciones tóxicas sin caer en el didactismo, sino a través de la conexión emocional con el espectador.
"Esta obra ha sido puesta para conectar humanamente con el espectador", resume Gabriel Brito. "Si usted quiere sentir, si usted quiere vibrar, si usted quiere conmoverse... es la obra adecuada."
El equipo creativo —Gabriel Brito en la dirección, Michelle Serna y Leonardo Cuesta en los roles protagónicos, y el texto de Saremi Moreno— demostró que el teatro guerrerense cuenta con talentos capaces de competir con los mejores montajes nacionales en cuanto a profundidad temática y excelencia artística.
Para quienes no pudieron asistir a esta temporada, la obra queda como referencia de lo que el teatro contemporáneo puede lograr cuando se atreve a mirar las sombras de la condición humana con honestidad y rigor estético.
Información de la Puesta en Escena:
Título: Desiertos Amores
Autoría: Saremi Moreno
Dirección: Gabriel Brito
Elenco: Michelle Serna, Leonardo Cuesta
Sede: Centro Cultural Domingo Soler, Acapulco
Género: Drama / Teatro contemporáneo
Temas: Relaciones tóxicas, abuso narcisista, codependencia emocional, violencia en el noviazgo
