La obra futurista de Asimov

La obra futurista de Asimov

  • Fue escritor, historiador, profesor de bioquímica y divulgador científico que nacio un 02 de enero de 1920, Petróvichi, Rusia y fallece el 06 de abril de 1992 en Brooklyn, Nueva York, Estados Unidos.

Escritor prolífico (más de quinientos títulos publicados) y gran divulgador, la obra futurista de Asimov ha gozado de gran popularidad por el sabio equilibro que consigue entre el estilo, la imaginación literaria y el mundo tecnológico y científico. Continuador en una línea actualizada y acaso más rigurosa de los clásicos del género (Julio Verne, H. G. Wells) y orientado en ocasiones hacia la visiones distópicas más características del siglo XX (Aldous Huxley, George Orwell, Ray Bradbury), en 1939 empezó a publicar cuentos de ciencia ficción en las revistas especializadas, imponiéndose en pocos años como el principal representante de la rama "tecnológica" de este género, en la que la visión del mundo futuro y de nuevas formas de organización social se basa siempre en premisas de carácter científico (aunque más o menos futuristas) y los avances tecnológicos correspondientes.

Las novelas de Asimov, por lo general más satisfactorias que sus numerosísimos cuentos, tienen un estilo a menudo sin relieve, basado casi exclusivamente en los diálogos, y dedicado poco más que a servir de vehículo a las tesis del autor. Pero en este tejido de ideas está también su fuerza, y el buen ritmo de su redacción consigue casi siempre implicar al lector en un crescendo excitante, proponiendo, con una argumentación infatigable, infinitas preguntas sobre el hombre y sobre el intrincado camino con el que intenta programar su propio futuro.

Con sus decenas de libros de divulgación científica, Asimov afirmó siempre su fe optimista en un progreso basado en un uso racional de la ciencia y la tecnología. En el terreno de la divulgación, también abordó otros campos del saber, como la historia, las matemáticas, la psicología y la sociología, y llegó a hablar de una nueva disciplina humanística, la psicolohistoria, que, según su propuesta, sería una suma de las aportaciones de las cuatro ramas del conocimiento humano recién mencionadas. Llevado de su afán didáctico, escribió también algunas obras destinadas al público infantil y juvenil, en las que combinaba la ficción con una serie de rudimentos científicos e históricos.

Les dejo este cuento para su disfrute: "Cómo ocurrió"

Mi hermano empezó a dictar en su mejor estilo oratorio, ése que hace que las tribus se queden aleladas ante sus palabras.

–En el principio –dijo–, exactamente hace quince mil doscientos millones de años, hubo una gran explosión, y el universo…

–Pero yo había dejado de escribir.

–¿Hace quince mil doscientos millones de años? –pregunté, incrédulo.

–Exactamente –dijo–. Estoy inspirado.

–No pongo en duda tu inspiración –aseguré. (Era mejor que no lo hiciera. Él es tres años más joven que yo, pero jamás he intentado poner en duda su inspiración. Nadie más lo hace tampoco, o de otro modo las cosas se ponen feas.)–. Pero, ¿vas a contar la historia de la Creación a lo largo de un período de más de quince mil millones de años?

–Tengo que hacerlo. Ése es el tiempo que llevo. Lo tengo todo aquí dentro –dijo, palmeándose la frente–, y procede de la más alta autoridad.

Para entonces yo había dejado el estilo sobre la mesa.

–¿Sabes cuál es el precio del papiro? –dije.

–¿Qué?

(Puede que esté inspirado, pero he notado con frecuencia que su inspiración no incluye asuntos tan sórdidos como el precio del papiro.)

–Supongamos que describes un millón de años de acontecimientos en cada rollo de papiro. Eso significa que vas a tener que llenar quince mil rollos. Tendrás que hablar mucho para llenarlos, y sabes que empiezas a tartamudear al poco rato. Yo tendré que escribir lo bastante como para llenarlos, y los dedos se me acabarán cayendo. Además, aunque podamos comprar todo ese papiro, y tú tengas la voz y la fuerza suficientes., ¿quién va a copiarlo? Hemos de tener garantizados un centenar de ejemplares antes de poder publicarlo, y en esas condiciones, ¿cómo vamos a obtener derechos de autor?

Mi hermano pensó durante un rato. Luego dijo:

¿Crees que deberíamos acortarlo un poco?

–Mucho –puntualicé, si esperas llegar al gran público.

– ¿Qué te parecen cien años?

–¿Qué te parecen seis días?

–No puedes comprimir la Creación en solo seis días –dijo, horrorizado.

–Ese es todo el papiro de que dispongo –le aseguré–. Bien, ¿qué dices?

–Oh, está bien –concedió, y empezó a dictar de nuevo–. En el principio… ¿De veras han de ser solo seis días, Aaron?

–Seis días, Moisés –dije firmemente.